Mi pueblo

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Salida a Cenicientos

El Gato, Madrid-Cenicientos, salía de la calle Segovia, antes de llegar al Viaducto. Justo en la plaza de la Cruz Verde.

Toros de Guisando

Conjunto escultórico vetón que se ubica en el cerro de Guisando, en el término municipal de El Tiemblo, en la provincia de Ávila.

Iglesia de Cenicientos

La iglesia de San Esteban Protomártir de Cenicientos es un edificio gótico, construido a finales de siglo XV o a principios del XVI. Está situada en la plaza de la Iglesia. En 1983 fue declarada “Bien de interés Cultural”.

La Peña "Bubera"

La Peña de Cenicientos (1252m) es la cima de una minúscula sierra situada al Sur del extremo Este de Gredos Oriental.

La 'Piedra Escrita' de Diana

... sería el último monumento o resto antiguo del territorio vetón y del convento emeritense, cuya divisoria pasaría unos kilómetros más al E. de él.

Vidrios castellanos de Cadalso de los Vidrios y de El Recuenco (I) D. BELINCHÓN YAGÜE

En el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid, se puede contemplar una colección de vidrios españoles bastante amplia, con muestras desde el siglo XVI, hasta hoy día. Al principio, la diferencia entre los distintos núcleos de producción estaba muy marcada por los distintos estilos de producción, fruto de las influencias que recibían. Básicamente se pueden distinguir las regiones de Cataluña, Andalucía y Castilla. Pese a que los vidrios catalanes eran de mejor calidad, las fábricas castellanas, consiguieron acaparar la atención de los Reyes, siendo Quejigal, Valquemada, Recuenco y Cadalso de los vidrios, sus principales hornos y centros de producción.
1. INTRODUCCIÓN

A lo largo del tiempo, las colecciones de vidrio del Museo Nacional de Artes Decorativas, han ido aumentando en número y calidad, aunque ésta quede disipada por este mismo efecto del paso del tiempo produciendo resquebrajamientos y pérdida de brillo en la superficie de las piezas, llamándose
enfermedad del vidrio o desvitrificación.
Desde la época de los punos hay distinguidos ejemplos de vasos y piezas de equipamiento doméstico que salvando su aparente delicadeza podemos ver expuestas en las salas del museo, junto con otras grandes colecciones como la de vidrio greco-romano, romano y sobretodo la importantísima y numerosa muestra de la fábrica que más importancia dio a España en cuanto a vidrio y cristal, La Granja de San Ildefonso.
La dureza, transparencia y brillo, son las características principales que se le han atribuido al vidrio. Y han sido suficientes como para mover al hombre a lo largo de toda la historia para intentar mejorar sus cualidades. Más que para un uso doméstico, artístico o de lujo, el vidrio y más tarde el cristal se hizo un hueco al lado del hombre añadiendo utilidades a lo largo de la historia y así no perecer, tanto que actualmente se le considera un material incluso arquitectónico.
El vidrio es la imitación hecha por el hombre del cuarzo o cristal de roca, el cual no se encuentra en la naturaleza abundantemente, este producto aunque artificial es profundamenteestable y casi inalterable salvo por el ácido fluorhídrico.

2. HISTORIA DE LOS HORNOS CASTELLANOS

La documentación encontrada sobre la producción de los hornos castellanos es escasa. Hay que rastrear y lamentarse de las pérdidas de archivos producidos por incendios y la falta en las propias localidades de documentos escritos.
En toda la Península se pueden diferenciar lo que llamamos tres estilos de vidrio. Los vidrios catalanes, que incluyen a Levante y a Mallorca por su unión en la actividad vidriera, y que imitan al vidrio de los venecianos, en cuanto a decoraciones, al igual que el resto de Europa, de ahí la expresión “ a la façon de Venice”, aunque formalmente la mayoría de la producción era de carácter utilitario, abundando los enseres domésticos típicos de la región como almorratxas ( recipiente de varios caños, para contener agua perfumada), llantions (lámparas) etc. Una de las mejores producciones catalanas es la de decoración esmaltada.
Los vidrios andaluces continúan con el estilo musulmán del mundo islámico impregnado en todas sus artes, reflejándose en sus piezas una de las mayores características de esta tradición, las asas de las lámparas que se colgaban en sus templos, otra producción generosa en número corresponde a los vasos de faltriquera que se hacen en el centro de Marya (Almería) . Y por último los vidrios castellanos, que tienen un estilo propio, con mezcla de algunas características de las otras dos regiones, pero se basan en unas formas de la tradición de la orfebrería y de la cerámica.
La pintura, es una de las fuentes que mejor nos revela la importancia del vidrio. Reflejándolo en la cantidad y el tipo de enseres, propios de cada lugar. Así como su uso, o su destino en la mesa, que actualmente ha variado mucho.
En toda Castilla sólo había un núcleo de mercado en Madrid, el “Gremio de Mercaderes de Vidrio”, los cuales impedían la venta directa al público por arrieros y fabricantes, sobre todo por los caminos, de manera ambulante, era muy barato y no había porque trasladarse, lo cual bajaba las ganancias de los vidrieros. Se convino que, únicamente se podía vender al “detall” en las ferias, ocasiones en las que aumentaban las ventas y se abarataban los costes, directamente al fabricante sólo era posible “al mayor”.
3. CADALSO DE LOS VIDRIOS.

3.1. Historia de los hornos.

El más antiguo de los archivos que llega a nuestros días, y que inicia la serie de noticias sobre Cadalso de los Vidrios y su actividad vidriera, en el conocimiento de estos hornos de Castilla, es el escrito por el Arcipreste de Talavera, en el siglo XV, comunicándonos que “el Vidrio de Cadalso es cosa corriente en toda España” (1).
Cadalso de los Vidrios situada en Toledo, hasta el cambio territorial durante la Regencia de María Cristina de Borbón, en 1833,(2) que lo adscribe a la provincia de Madrid, con lo que las noticias que se tenían de la producción vidriera de este centro sean incompletas.
Aunque se sabe que el inicio de producción no es el siglo XV, ya que se le supone desde el siglo XII, por un escrito de Tomás López, geógrafo de Carlos III, que confirma la actividad vidriera de Cadalso desde 1179.
Desde el texto escrito en 1539 por Lucio Marineo Sículo, que califica a los “vidrios de Cadalso como los mejores de España, después de los de Barcelona”(3), la documentación es escasa, y sólo se tienen noticias esporádicas, como el testamento de Ana de Toledo en 1549, en el que se citan veinte botellas y vasos de Cadalso como objetos singulares y de precio, y más tras el decreto en 1548 por Carlos V de la importancia del vidrio español y lo perjudicial de las importaciones de vidrio extranjero(4). Sus hornos surtían a la nobleza, e incluso Felipe II equipa sus palacios con objetos de uso doméstico, por ejemplo El Pardo, donde encontraron 17 lámparas, 16 orinales y media docena de botellas, frascas, etc.
Ya en el siglo XVII, Méndez Silva cuenta que ha visto labrar en Cadalso “finísimo vidrio de hermosos colores y graciosas formas, hasta el punto de poder competir con el veneciano”(5).

3.2 Producción de los hornos.

Determinar cuál fue la producción de Cadalso es difícil, debido a las dificultades de vincular con certeza las piezas conservadas a sus hornos. Hay tres motivos fundamentales por los que se han atribuido piezas a Cadalso sin suficientes motivos aparentes: la cercanía del lugar donde han sido halladas; la perfección tipo veneciano de sus producciones, que Cadalso imitó con gran habilidad, pero que podían haber sido compradas en este centro o haber sido realizadas por un maestro italiano emigrado.
Cadalso de los Vidrios está situado en medio de grandes bosques. Esto, junto con la buena comunicación para la obtención de la barrilla fue motivo suficiente para que se considerase un buen emplazamiento para la ubicación de un horno; así a lo largo del tiempo los hornos se multiplicaron.
Pero no solo se multiplicaron en este centro sino en general en la zona, ya que la situación de Cadalso ha sido varias veces crítica por su competencia con los hornos de Valquemada , San Martín de Valdeiglesias y sobre todo del horno de Quejigal, situado al lado del Monasterio de El Escorial, del que fue su suministrador de vidrieras, algo que Cadalso como el resto de los centros intentaban obtener siempre, el poder abastecer a la realeza.
En el siglo XVI es fácil confundir a Cadalso con el resto de Castilla, sobre todo con el paso del tiempo, ya que las técnicas usadas eran las mismas en la mayoría de las manufacturas, y el resultado hace que todos tengan un cariz parecido.
Lo que diferencia a Cadalso de los demás hornos castellanos es la diferencia de calidad, tanto en la masa, como en la pieza. Conocía los métodos de fabricación del vidrio veneciano, como el cordoncillo o el trenzado y usaba el hilo de cristal trabajado con pinzas al igual que los italianos, pero tenía dificultades,
por ejemplo, en la decoloración de la pasta, debido, al exceso de manganeso que hacía que no se obtuviera un blanco lechoso como el de los italianos. Las burbujas, impurezas, etc., delatan además, un resultado castellano y no italiano.
Pero las formas de las piezas y la decoración determinaron que una gran parte de éstas fuera considerada como a la façon de Venice (manera de llamar a los vidrios que se hacían fuera de Venecia imitando sus producciones).
La única información que tenemos sobre los autores es la relación de vidrieros del archivo de la Catedral de Toledo, aunque una lista de nombres tampoco asegura la autoría de las piezas.
A principios del siglo XVII, sólo se tiene el nombre de Juan Rodríguez como maestro vidriero de Cadalso (6). Se inicia la mejor producción de estos hornos llamada a la façon de Venice. Esta técnica se introduce en Cadalso por la llegada a España de artistas y vidrieros extranjeros, famosos por su insubordinación respecto a los vidrieros españoles, y por la afición a beber grandes cantidades de resolí, una bebida parecida al orujo típica de Cuenca. El alcohol que consumían, era debido a la disminución de la capacidad torácica por el esfuerzo que se produce al estar constantemente soplando, el alcohol produce un aumento casi inmediato de esta capacidad torácica, para poder continuar trabajando. Esto ha derivado actualmente en la común expresión de “soplar” haciendo referencia a la acción de beber.
Este siglo de esplendor para Cadalso termina al decaer la producción artística a la façon de Venice, a finales de siglo, cuando sólo se hacen producciones de uso doméstico u ordinario, ya que en la producción de vidrio artístico dominan los extranjeros. Además se valoran más los avances técnicos, la producción de cristal, siendo más estable, resistente, pesado y brillante, por su añadido de un 24% de plomo.
Para intentar hacer de nuevo vidrio artístico y elevar la producción, los Marqueses de Villena, dueños de los hornos desde finales del siglo XVII, deciden traer a Antonio Ovando, conocedor de las técnicas artísticas extranjeras. Este maestro introdujo el lacticinio, técnica veneciana muy apreciada decorativamente, que consiste en hilos de vidrio blanco lechoso insertados en el interior de la pieza. Sin embargo, esta innovación no fue suficiente para recuperar el antiguo esplendor, a lo que contribuiría que Ovando dedicara más esfuerzos a la fábrica de San Martín de Valdeiglesias, que también se encargó de dirigir.
En el siglo XVIII quedaban dos hornos que fabrican sólo vidrios de baja calidad y de uso utilitario. La faceta artística del vidrio siguió decayendo al igual que ocurrió con la mayoría de las industrias artísticas españolas, por la competencia que ofrecían las industrias extranjeras. El consumo de vidrio de Cadalso se limitó a la provincia de Madrid. Aunque los reyes tuvieron un afán proteccionista eximiéndolos de impuestos, a los extranjeros los defendían los diplomáticos.
El exceso de ornamentación, influencia de los hornos andaluces, no gustó. Por otra parte, en este momento se inicia con fuerza la producción de la Real Fábrica de La Granja donde se pusieron todas las expectativas y dinero, como única salida para disminuir las importaciones, y elevar la producción de la calidad, igualando a los países extranjeros.

 

El CANO (Claudio Sanchez Albornoz)

Al acabar la guerra carlista el bandolerismo hizo presa en muchas zonas de España. Le padecieron especialmente las regiones montañosas. «Partidas» regidas por audaces caudillos asaltaban, secuestraban, robaban...
Una, capitaneada por alguien a quien llamaban «El Cano», actuaba en las serranías que se extienden entre las tierras de Ávila y Toledo. En Cenicientos, poblachón serrano situado en la conjunción de las mismas con la provincia de Madrid, un comandante de ingenieros, «convenido de Vergara», había intentado explotar una mina de cobre, pero había fracasado y se había dado a plantar vides y olivos. «El Minero», como le llamaban en el país, fue señalado a «El Cano» como presa suculenta. Pero don Juan Hurtado era hombre campechano, tenía muchos amigos en el pueblo y una tarde recibió en su casa de las viñas a uno de ellos que le dijo
-Tome un caballo y escape ahora mismo. Esta noche va a secuestrarle la partida de «El Cano».

Pero mi bisabuelo era hombre de agallas, estaba acostumbrado a jugarse la vida y le dijo al amigo:

-¿«El Cano» está en el pueblo?

-Sí; tiene su gente agazapada en la casa del Tío X.

-Llévame hasta allí.

-Pero, don Juan, ¡usted está loco!

-Vamos.

Sonaron varios aldabonazos en la puerta de la casa donde «El Cano» tenía su guarida y desde dentro se oyó gritar

-¿Quién va allá?

-Don Juan Hurtado -respondió mi bisabuelo. Cinco trabucos le enfrentaron por la puerta y la ventana, pero él respondió impávido

-Me han dicho que ibas a secuestrarme esta noche y para ahorrarte el trabajo de ir hasta mi casa de las viñas he venido aquí y aquí estoy.

La bravura del comandante carlista retirado convertido en «El Minero» paralizó a «El Cano», que no acertó a decir sino

-Don Juan...

Don Juan cruzó la puerta.

-Muchachos, un vaso de vino por el pronto y hablaremos después.

«El Cano» y don Juan Hurtado se amigaron para siempre. Cuando mi abuela Teresa, que se había educado en Notre-Dame de Burdeos, iba de su casa de Ávila a la de Cenicientos, su padre despachaba un propio a «El Cano» y al llegar, con un criado al ronzal de la mula, al comienzo de la sierra, la esperaba la partida de bandoleros del amigo de su padre. La presentaban armas y, en doble fila, con sus trabucos preparados para resistir a otra partida si osaba aparecer, la conducían hasta avistar la Peña de Cenicientos y, en el fondo del valle, la casa de «El Minero».



De chiquillo he montado en las jamugas sobre las que lentamente esa abuela abulense avanzaba protegida por las gentes de «El Cano». El valor siempre rinde más que el miedo, o rendía, cuando estaba intacta esa mezcla de hombría y de nobleza entrañablemente unidas a las tradiciones de la estirpe.

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A mí esto me emociona.



La Encebra ¿un misterioso animal extinguido? Autor: Ibar

Durante la Edad Media, en la Península ibérica se hacen algunos relatos sobre un équido que hasta el siglo XIV, era abundantísimo en las llanuras de toda la Iberia mediterránea. De este équido se conoce que fue entre los siglos XIV y XVI cuando sus poblaciones comenzaron a ser esquilmadas debido a la caza, ya que el consumo de su carne era muy apreciado, así como a la destrucción de su hábitat y a la competencia con el ganado doméstico, pues por tratarse el hábitat de extensas llanuras, este era muy apropiado para los asentamientos ganaderos y agrarios. Este équido recibía el nombre de Encebra en castellano, y de Zebra o Zebro tanto en portugués como en castellano. No existen muchas referencias de este animal durante la Edad Media pese a su abundancia, pero algunas obras las citan, como “Montería de Alfonso XI”, escrito de la primera mitad del s.XIV, “Relación de Chinchilla” de 1.576, que hace una breve descripción de la encebra, “Arte Cisoria” de E. Villena y otras obras literarias, textos valencianos del s.XV, así como en el “Romance del Rey Marsín” del año 1.500. En la “Relación de Chinchilla” menciona "...a manera de yeguas cenizosas, de color de pelo de rata, un poco mochinas, que relinchaban como yeguas y corrían más que el mejor caballo y las nombran encebras." (Torres Fontes y Molina Molina, 1.980). En “Arte Cisoria” explica que la carne de encebra se come "para quitar peresa" (Corominas y Pascual, 1.984). En el “Romance del Rey Marsín” describe “fuyendo va el rey Marsín, caballero en una zebra, no por mengua de rocín". Así mismo, este animal ha dejado algunos topónimos por la geografía peninsular, tal como Las Encebras ( Jumilla -Murcia-) ), Encebras ( Pinoso -Alicante-), Valdencebro ( Teruel ) y las portuguesas Zebreira, Zebros, Monte dos Zebros ( Beira Baixa ) y Vale da Zebra ( Ribatejo ). Por los textos mencionados, así como por otras obras literarias, nos hacen saber que las encebras, zebros o zebras, eran animales ariscos y veloces, así como corredores por excelencia, équidos de capa ( pelaje ) gris, con una línea negra que surge en los homoplatos y acaba en punta sobre los muslos delanteros, otra línea negra que recorre el lomo (sobre las vértebras) desde el cuello hasta la cola, y marcas acebradas en las extremidades. Tanto por estas características fenotípicas, como por el hecho de que los textos mencionados no especifican claramente qué clase de équido se trataba, ha llevado a la confusión a los historiadores, pues estos suponen que las encebras eran asnos salvajes, pues las líneas acebradas se dan en estos équidos, y aunque de procedencia incierta, pues no existen restos fósiles recientes de estos “asnos”, se han atribuido por tanto a estos animales, a descendientes de asnos importados y asilvestrados en Iberia por culturas norteafricanas y del mediterráneo oriental. El hecho de que se conocieran équidos con marcas acebradas en Iberia, y a que los portugueses se asentaran en las costas africanas, lo que les permitió conocer a los caballos del África subsahariana, hizo que al verles también con marcas acebradas, también los denominaran como zebras. Fósiles y pinturas rupestres. Los únicos restos fósiles de équidos existentes al menos en los últimos 30.000 a 20.000 años, que se conocen en la Península ibérica, pertenecen a una sola especie de caballo, denominada como Equus ferus o Equus przewalskii gmelini, y cuyo nombre común es Tarpán. Parece ser que durante la prehistoria existieron varios tipos de caballos, existiendo entre los europeos tarpanes, una subespecie occidental y otra oriental. Según los actuales tarpanes de Polonia, esta especie de caballo es de pequeña talla, con una altura de 130 cms., color de capa de zaíno hasta tostado, crin y cola puramente negra o negra y blanca, de aspecto ceniciento y canoso. Posee una franja dorsal castaño oscura, y franja ancha y oscura que va desde la parte central de las crines hasta la cola, con pelos más claros a ambos lados, produciendo un efecto de variegado con destellos rubios que depende de hacia que lado se inclina el pelo. Pueden aparecer rayas tipo cebra, en los cuartos delanteros y en la parte interna de los muslos, así como también franjas en el cuerpo. El pelaje invernal puede ser ocasionalmente blanco si viven en climas muy fríos. La cabeza es alargada y ancha con la cara ligeramente cóncava, orificios nasales amplios y orejas también largas. Cuello corto y robusto que parte de unos hombros poderosos. Características como la forma de la cabeza y cara, ya aparecen en pinturas rupestres de la Cueva de la Pileta, datadas entre 30.000 y 20.000 años, pero a diferencia de los tarpanes orientales y de los caballos modernos, los tarpanes presentes en Iberia presentaban una cara subconvexa, tal y como atestiguan también sus restos fósiles. Parece existir también, algunas pinturas rupestres en sierras turolenses, en las que se muestran los cuerpos de estos tarpanes con sus estrías acebradas sobre el cuerpo. El Caballo Sorraiano. En el año 1920, el zoólogo portugués Ruy d’Andrade descubrió entre las llanuras del río Sorraia y sus afluentes Sor y Raia, una manada de caballos salvajes, diferentes a los caballos domésticos, pero con características presentes en tres razas modernas, el caballo Marismeño, el Andaluz y el Lusitano. Ruy d’Andrade, y debido a la distribución de estos caballos salvajes, nominó a estos caballos con el gentililicio del nombre del río Sorraia. Las similitudes con el caballo Marismeño, Andaluz y Lusitano permitió deducir que el salvaje Sorraiano era el antecesor directo de estas tres razas. Pero un estudio más detallado de la anatonomía, fenotipo y genotipo de estos caballos, y la comparación de estos datos con los fósiles y pinturas rupestres, han probado que se trata del auténtico caballo salvaje ibérico, habiéndose mantenido sin apenas variación genética, con los antiguos tarpanes ibéricos, siendo por tanto una de las subespecies de caballo existentes en Eurasia en época prehistórica. El Sorraiano tiene una alzada que ronda entre 120 y 130 cms., la capa es de color grisáceo pelo de ratón, o bien parduzco, con una franja oscura dorsal sobre los homoplatos y otra franja oscura a lo largo del lomo, marcas acebradas en las extremidades y las puntas de color negro, estas marcas acebradas de las extremidades son muy patentes en los ejemplares jóvenes. Posee un pelaje invernal de aspecto lanoso. Tanto la crin como la cola, es de color negro y blanco, dándole un aspecto ceniciento y canoso. Su cabeza es grande, de perfil recto o algo convexo. Debido a que buena parte de la raza sobrevive en estado salvaje, su conformación global tiene cierta variabilidad. Algunos de los ejemplares encontrados por Ruy d’Andrade, fueron capturados para preservar a esta subespecie de caballo de la extinción. Actualmente existen unas 200 cabezas de sorraianos, sujetos a planes de recuperación. Encebras, Tarpanes y Sorraianos. Como hemos visto, el Tarpán y el Sorraiano, son muy similares fenotípicamente, casi iguales. Entre el actual tarpán oriental y el sorraiano, existe una pequeña variación fenotípica y genotípica, ya a que el sorraiano se corresponde con la subespecie occidental o ibérica de tarpán, pero si se observan fotografías de ambas subespecies, un profano no sabrá distinguir una subespecie de la otra. En cuanto a los datos aportados por los textos históricos sobre encebras, los fósiles y pinturas rupestres de tarpanes ibéricos y el estudio del fenotipo y genotipo del caballo sorraiano, demuestran que la Encebra, el Tarpán ibérico y el Caballo Sorraiano, son la misma subespecie de caballo. Estamos por tanto ante un redescubrimiento de la Encebra, un équido que se creía extinguido desde al menos, a mediados del s.XVI, debido al craso error de los historiadores al considerar que las encebras eran asnos salvajes, en vez de caballos salvajes diferentes de los caballos domésticos, y que los escritores medievales sabían distinguir muy bien. Pero sí existe una pista que nos dice de qué clase de équido se trata, y es que en la “Relación de Chinchilla” cuando dice: “...que relinchaban como yeguas...” no podía tratarse de otro animal que no fuera un caballo, pues todos sabemos que ningún burro es capaz de relinchar, sólo rebuznan, aunque hay que reconocer que la siguiente frase: “...y corrían más que el mejor caballo y las nombran encebras.", da a lugar a la confusión al hacer pensar que se trata de dos équidos distintos, pero no es este el sentido de la frase, sino que el sentido correcto de la frase es el que nos da a entender que se distingue a dos tipos diferentes de caballo, uno salvaje ( inservible para la guerra debido a su baja estatura ) y otro doméstico ( que eran de mayor altura y por tanto más competentes para la batalla ). La rocambolesca historia de la Encebra. Pues si este fue el avatar de esta subespecie de caballo en Iberia, el hecho de la conquista española de América supuso el traslado de ejemplares de encebras a tierras norteamericanas justo antes de su casi desaparición en Iberia, pues debido a su resistencia y fortaleza al clima, a los trabajos y a la escasez de alimento, así como a sus características para la carrera, este caballo salvaje era muy apto para realizar la conquista de estas tierras. En la actualidad los descendientes de estas encebras, es el conocidísimo y salvaje Mustang, que posee en la mayoría de sus ejemplares, las mismas características fenotípicas y genotípicas que el ibérico caballo sorraiano, de hecho, tanto es así que el Mustang recibe en Estados Unidos como nuevo nombre “Sorraia Mustang”. A pesar de su igualdad con los sorraianos portugueses, no se les denomina igual, pues parece ser que se considera que el sorraiano portugués es más puro que el americano, entre los que parecen existir leves influencias genéticas en algunos ejemplares de otros caballos españoles exportados. Así pues, un error de análisis en los textos antiguos como el desconocimiento hasta fecha reciente del salvaje caballo sorraiano, ha hecho pensar que la encebra era un équido extinguido, pero siempre estuvieron presentes con una exigua población en la frontera hispanoportuguesa, y con una población más abundante en las montañas de Norteamérica. Pero pese a la población americana de caballos sorraianos, siguen permaneciendo en grave peligro de extinción, motivo por el cual, se están desarrollando planes para su conservación, aunque desgraciadamente, la mayoría de estos planes sólo se realizan a nivel de propietarios particulares y asociaciones, escurriendo el bulto una vez más los Estados implicados.

TOROS DE GUISANDO




























Antigüedades de España. Toros de Guisando
Eduardo de Mariátegui
Antigua: Historia y Arqueología de las civilizaciones

En el obispado de Ávila y entre las villas de Cadahalso y de Cebreros, se alza
recostado en una frondosa ladera, á la falda de la sierra de Guadarrama, el exmonasterio de San Jerónimo de Guisando, tercero de su orden, erigido en 1375 por Fray Pedro Fernandez Pecha, con autoridad apostólica y reedificado en la segunda mitad del siglo XVI. No lejos de él, y á diez pasos del camino de Ávila, del que los separa una pared de piedra seca, se ven los famosos Toros
destrozados ya y casi hundidos en una viña que ha desaparecido y perteneció al propio monasterio; campo célebre en nuestra historia por ser en él donde Enrique IV y sus grandes aclamaron y reconocieron como legítima heredera del trono castellano á la augusta Isabel, el lunes 19 de Setiembre de 1468, aposentándose la princesa en la venta de Tablada, que ya no existe, y que estaba situada muy cerca y á la izquierda de los toros.
Fueron estos en un principio cinco, de los cuales se conservan hoy tres de pié, pero tan desfigurados que apenas se puede distinguir si fueron toros, elefantes u otros cuadrúpedos; son de piedra berroqueña y de una sola pieza con la losa ó plinto que los sostiene, sirviéndoles de peana, y que sólo conservan dos á la vista; están cuatro puestos en línea mirando á Poniente, y detrás del tercero parecen distinguirse los restos del quinto, que ya destrozado en el siglo XV
y confundido con las muchas piedras de la misma clase en que abunda aquel sitio, ha dado origen á que después muchos escritores, y entre ellos Cean Bermudez, no hayan hecho mención más que de cuatro monstruos. El primero de estos está de pié y le falta la espalda; á l m 67 de él se ve el segundo, caido en tierra ; rotos los piés y mostrando sólo medio cuerpo; y á 3 m 62 de este y separados entre sí la misma distancia, se hallan el tercero y cuarto de pié , ninguno
de ellos tiene cuernos y sólo el primero tiene cola ; sus dimensiones son unos 2 m 7 de longitud , 1 m 6 de altura sobre el zócalo y 0 m 8 de anchura en el lomo; casi es imposible averiguar su forma primitiva, desfigurados ya por las injurias del tiempo y de su remota antigüedad.
El examen detenido de estas masas de piedra tan mal esculpida, aumenta nuestra confusión, pues si bien la pezuña parece que ha estado hendida por su parte media, en ninguna cabeza se halla rastro ni señal de las astas; la forma general de la cabeza y cola del primero nos inclina á creer que en lo antiguo fuéron toros, nombre con que les designa siempre Cervantes y la historia, y con el cual nos conformamos en vista de que no tenemos ningún dato cierto que demuestre lo contrario.
Si hay duda sobre la figura que estas moles de piedra debieron afectar en lo antiguo, no la hay menos sobre el objeto con que fueron construidas: Diego Rodriguez de Amelta en su Compilación de las batallas campales, obra terminada en 1481, dice así al describir la batalla 22 de su segunda parte: «Que «después que Scipion el joven volvió á Roma, y después de su muerte, los es-
«pañoles se rebelaron contra los romanos, que por esta razón enviaron á Espada
un capitán llamado Guisando, que habiendo peleado contra los españoles
»en tierra de Toledo, y cerca del lugar llamado Cadhalso, y habiéndoles ven-
»cido, hizo, para memoria de esta victoria, cuatro estátuas de piedra, á quien
«en su tiempo daban el nombre de Guisando.» No hay necesidad de detenerse
á refutar semejante opinión, pues con advertir que el nombre de Guisando es
de inflexión goda, mal podía ser el de un capitán romano.
El bachiller Juan Alonso Franco, célebre anticuario del siglo XVI, ocupándose
de este mismo asunto, dice entre otras cosas lo siguiente: «Como uno, por su
»letrero, se conoce que se dedicó á la victoria de César sobre los hijos de Pom-
»peyo, y el sitio donde fue esta es Andalucía: como el mismo diga que allí
»donde está es el campo Bastetano; y como exprese que es dedicación dé los
»Bastetanos otro, y se sepa que este campo y este pueblo fueron en Andalucía,
»por eso muchos han imaginado que estos toros se hicieron y estuvieron pri-
»meramente en dicha provincia, y que después un rey moro, para mostrar su po-
»der, con máquinas y gran copia de gente los metió España dentro, y los co-
»locó donde se hallan, siendo entre otros de este parecer Rasis, en la historia
»que hizo de Andalucía, y D. Lorenzo de Padilla, curioso arcediano dé Ronda.
»Mas Ambrosio de Morales, según se advierte en una nota de su puño, puesta
»aquí en este libro, dice que los Toros son tan valientes piedras, que es cosa de
»burla pensar que se movieron tantas leguas como hay desde allí á Andalucía, y más
»sin motivo alguno; y Antonio de Nebrija afirma que como hubo pueblos Basteta-
»nos en la Bética, los hubo igualmente en la España Citerior, y que de ellos debían
»hablar estos toros. Además, aunque la principal victoria de César fuese en An-
»dalucía, en Munda, también por Orosio, libro 6.e, capítulo XIV, sabemos que la
»guerra y el ejército Pompeyano, no se acabaron hasta que Cesonio, legado de
»César, venció no léjos de Lusitania; y de esto debe hablar el último toro, lo
»cual no sucedió en Andalucía, sino en la Citerior, no lejos de Lusitania, como
»es dónde se hallan los toros. Los letreros de estos dicen:
»1.° Caecillo-Metello-consuli-H.victori.
»2.° Exercitus victor-hostibusfusis.
»3.° Longinus-Prisco-Caesonio-f. c.
»4.° Lucio Portio-ob provinciam-optime administratam-Bastetani po-puli-f. c.
»5.° Bellum Caesaris et patriae mag-na ex parte con-fectum est-s et Gu. magni-
»Pompey filis-hic in Baste-tanorum agro-profligatis.»
Pero de estas inscripciones, falsa base de las hipótesis anteriores, sólo se
conserva una abierta á cincel en el costado derecho del cuarto toro, tan profunda,
que á haber existido, las demás se conservarían en nuestros dias. De ella
es copia inexacta la tercera que da en su libró el Br. Franco y que en el original
dice así:
LONG. INVS.
PRISCO. CAIA.
ETI :: PATRI. F.
C.
De las demás sólo se sabe que en la celda prioral del monasterio existían en
el siglo XVI unas tablas enceradas que decían ser copia de las inscripciones de
los toros, pero nadie vió los originales ni hay conformidad del sitio donde estaban
grabadas, diciendo unos que lo estaban en el costado derecho, otros en
ambos lados, no faltando también quien opine que se veían en el espesor del
plinto. La verdad es que semejantes inscripciones no han existido nunca, fundándonos
para asegurar esto, no sólo en lo que llevamos expuesto, sino en la
opinión del sabio D. Antonio Agustín, arzobispo de Tarragona, que tenia por
apócrifas las cuatro inscripciones, calificándolas de fingidas y supuestas por
Ciríaco Anconitano; también el crítico P. Sigüenza, voto de mayor excepción
en el caso presente, se adelanta á decir: «Que las inscripciones de los toros le
«parecen no muy auténticas, como otras muchas de que está lleno el mundo, y
«en España no hay pocas.»
No nos es fácil averiguar el destino que tuvieron estos monumentos en su
origen, aún después de haber desechado por faltas de fundamento las opiniones
anteriores, y vacilamos entre creerlos construidos en memoria de alguna
hecatombe ó sacrificio, ó mejor como piedras de término regional, sobre una de
las cuales dedicó Longino á su padre Prisco Calectio la memoria que aún se
conserva. En esta última hipótesis su construcción debe ser posterior en algo
al año 27 antes de J. C., en que se reformó la división del territorio español
bajo el consulado de Augusto. Siendo entonces una misma la división civil y
la religiosa que ha llegado hasta nuestros días, tenemos un dato bastante seguro
para robustecer nuestra opinión en la coincidencia en estos sitios de los
confines de la diócesis de Toledo, Ávila y Segovia, y por el mismo hecho confinaban
aquí la Bética, Lusitania y Tarraconense, siendo también este sitio limítrofe
de los Arevacos y Bacceos, Carpentanos y Vettones; y de ello hay una
prueba en una piedra que estaba á menos de seis leguas al Norte de los toros
y en el puerto de la Palomera, en la cual había según Masdeu la inscripción
que entre las suyas lleva el número 813, y dice:
Hic est Tarraco et non Lusitania
Hic est Lusitania et non Tarraco.
En Coca, Villatoro, Ciudad-Bodrigo, Ledesma, Salamanca y en varios otros
puntos de la Península existen más de trescientos monumentos de esta especie,
representando elefantes, toros y jabalíes. En Segovia se ve un toro y dos jabalíes
de piedra casi informes y muy gastados por su gran antigüedad. En Ávila
hay once entre osos, toros y jabalíes, destrozados, por haberlos gastado el tiempo
y por la incuria en conservarlos; en uno de los más pequeños, se lee la siguiente
memoria:
BVRR.
MAOLONIS.
F.
Y por último, en Durango existe otro monumento llamado en el país Miqueldico,
sin inscripción ni letra alguna, pero sí con un disco entre los piés.
Todas estas obras son romanas y no cartaginesas, como algunos creen, pues
en ninguna de ellas se descubren caracteres púnicos, y sí por el contrario en
muchas se ven inscripciones romanas.
E. DE MARIÁTEGUI.

Diccionario Toponímico y Etnográfico de Hispania Antigua



Autor: Julián Rubén Jiménez González
ISBN: 84-95673-02-9
Editorial: Minor Network, S.L. (2004)


Un buen libro escrito por un corucho. Las tribus y ciudades, santuarios, dioses y caminos, ríos, bosques, gentes y lugares que ocuparon nuestro mismo espacio, que dejaron huella, que tuvieron nombre.

Huellas y nombres que figuran ahora recogidos y ordenados en este Diccionario Toponímico y Etnográfico de Hispania Antigua, premiado por la Real Academia Española, y que aspira a convertirse en manual de uso para lectores curiosos, estudiantes o especialistas.
Sus entradas, documentadas por los clásicos o la epigrafía, ofrecen una vasta información sobre ciudades y tribus del entorno, jurisdicción romana, economía y lengua, deidades, episodios y personajes históricos.

LAS YEGUAS PREÑADAS POR EL VIENTO


«ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD: LAS YEGUAS PREÑADAS POR EL VIENTO» por Alicia Canto, Depto. de Prehistoria y Arqueología

Uno de los más célebres mitos relacionados con la vieja Hispania fue el de las yeguas lusitanas a las que fecundaba el viento; mito que fue muy popular en la Antigüedad, a pesar de transcurrir en un finis terrae europeo.

Consiste en la creencia, o más bien en la afirmación (pues para los antiguos el mito, a diferencia de la fábula, es una vera narratio), de un hecho tomado como cierto: En las cercanías de Olisipo (Lisboa), del río Tajo y del cabo da Roca, las yeguas, volviéndose hacia el Océano, esto es, hacia el Occidente, podían ser fecundadas por el viento del Oeste, el Zephyrus griego (Favonius romano), un viento reconocidamente cálido y vivificador. Preñadas así por un dios, parían potros velocísimos pero de corta vida.

Gracias a algunos detalles de dos buenos conocedores de Hispania, Varrón (el mayor sabio romano, muerto el año 27 a.C.) y el hispano Columela (hacia 45 d.C.), sabemos que la zona elevada donde ello ocurría estaba sacralizada, y desde el gran Leite de Vasconcellos (1905) hay acuerdo en que sería el actual “Monsanto”, donde ahora existe un bello parque natural.

El mito es referido con distintos detalles por diecisiete escritores antiguos, desde Homero en la Ilíada (siglos IX-VIII a.C.) hasta autores cristianos del siglo IV-V d.C. como Lactancio y san Agustín, pasando por tratadistas tan serios como Aristóteles, el propio Plinio el Viejo (que lo rememora en tres ocasiones) o Claudio Aeliano en su De natura animalium. Pero, a pesar de estos testimonios antiguos, la crítica histórica moderna lo ha venido considerando “un bulo” o, cuando más elaboradamente, como expresión ambigua de una estructura social de tipo matriarcal y origen griego.

En una investigación recientemente presentada en un congreso internacional he intentado acercarme a esta famosa leyenda desde una perspectiva menos escéptica, con el triple objetivo de tratar de identificar la raza concreta a la que se refería el hecho, ensayar una vía nueva de aproximación teniendo en cuenta los avances en los campos de la Biología Animal y la Genética (esto es, intentando averiguar si tras el mito podía esconderse alguna realidad biológica), y poder reivindicar de paso la inteligencia y la credibilidad de nuestras fuentes grecorromanas, a menudo minusvaloradas.

Mediante comparaciones arqueológicas de las representaciones de caballos, en pinturas (por ejemplo en Mérida), o en mosaicos (sobre todo de la gran mansión romana de Torre de Palma, cerca de Monforte) con las actuales razas luso-españolas, es en efecto posible proponer que las razas en cuestión serían la “Garrana” o la “Sorraia”, las más antiguas de la Península Ibérica según los genotipos de H. Oelke; esto confío en que se pueda comprobar mejor cuando el Centro de Biología Animal de la Universidad de Lisboa amplíe a los restos équidos procedentes de excavaciones su estudio ya en curso sobre el DNA ancestral del Equus caballus en la Península Iberica.

En segundo lugar, al acercarme al fenómeno (muy frecuente en plantas) de la partenogénesis, desde el punto de vista de la Genética moderna –un mundo para mí enteramente nuevo–, me he tropezado con una asombrosa proteobacteria que está en los últimos años de rabiosa actualidad: la Wolbachia, bautizada así por el nombre de su descubridor, en 1927. Su genoma acaba de ser publicado (PLoS-Biology, March 2004) por el prestigioso investigador Jonathan Eisen, de The Institute for Genomic Research de Rockville.

De esta proteobacteria, un endosimbionte, lo que más me interesó, a los efectos de la explicación de nuestro mito, es su papel de “clonadora natural”, y su asombrosa capacidad para trastornar el sistema reproductor de su huésped –donde ella se aloja–, desde la feminización de machos genéticos a la generación asexual de las hembras o, en algunos casos, la degeneración y la muerte prematura del huésped. Por ahora sólo está probada su presencia en algunos tipos de peces, insectos (como drosófilas, mosquitos, avispas y abejas), lagartos y gusanos, nematópodos y artrópodos. Pero ya se busca la posibilidad de hallarla en mamíferos (cf. T. Kono et al., Nature, 22 April 2004), y de hecho un genetista de primera fila consultado me ha confirmado que no ve una razón para que la “Wolbachia”, u otros microbios similares, no puedan existir en mamíferos. Según J. Knight (Nature nº 412, July 2001): “As interest in the bacteria explodes, strains of Wolbachia that are in the process of being incorporated by their hosts may be among the evolutionary treasures waiting to be discovered”.

La aplicación de estas modernas vías de estudio genómico pemitiría mantener como hipótesis de trabajo que algunos grupos equinos lusitanos pudieran haber conservado en su seno, residualmente, una infectación por la Wolbachia u otra bacteria parecida, dando lugar a la procreación de las yeguas sin intervención del macho. Por falta de una explicación racional en la ciencia de la época, el hecho acabó convirtiéndose en un mito, en el que el papel generador se atribuía a un “dios del viento”. Con todo ello por fin se alcanza también el tercer objetivo del trabajo, que era restaurar el buen crédito de nuestras fuentes literarias antiguas.

Quizá esta metodología combinada, aplicada a otras famosas leyendas, nos ayudará a entender mejor, o incluso a detectar, otros prodigios de nuestro pasado remoto que actualmente se siguen considerando como fantásticos.

*****
Nota.- El reciente hallazgo en Turquía de un gen recesivo en humanos es de mucho valor para explicar la transición humana de la cuadrupedalidad a la bipedalidad, pero a mí me interesa mucho porque es un excelente paralelo en mamíferos para mi hipótesis de explicación genética del hasta ahora considerado "mito" de las yeguas lusitanas, arriba expuesto.

La Tumba de Viriato



Los portugueses la situan en la sierra de san Pedro, no en la sierra de la Estrella como se habia dicho tradicionalmente. Los españoles en la sierra de Gredos, en el Monte de Venus,al norte de Talavera.
¿ Como te imaginas un enterramiento de un general vettón?¿Qué ofrendas tendría? Sus armas amortizadas, su "viria", su cinturón,su fíbula de torrecilla,su casco...Tenemos que buscar esa necrópolis.
El campamento de su asesino Servilio Caepion está muy cerca del Tajo...y Viriato no estaba muy lejos cuando Audax, Ditalcon y Minuro planearon su muerte con Servilio, pues pronto regresaron para cobrar su fechoría y fué cuando Servilio les dijo:"Roma no paga traidores".


Otros autores hablan del Mons Veneris con forma de mujer tumbada, situado entre la sierra de San Vicente (Toledo) y el cerro Guisando….¿Cenicientos?.

Aunque podemos dejar volar nuestra imaginación, Apiano narra los funerales de Viriato, según este autor fue incinerado.

La Cruz de Plata




En las actas de defunción de los primeros años de 1600 se consignan como muchos de los fallecidos pedían que se les enterrase con la cruz de plata, lo que prueba que la actual cruz, orgullo del pueblo, es de hace bastantes años.

La fecha fija en que la parroquia la adquirió no se puede dar; pero lo que si se pude decir que existía ya mucho antes a 1569. Porque para esta fecha tenía ya deteriorado el pie y hubo que entregarse a Miguel Flores, platero de Escalona, para que lo reparase

La fábrica de la Iglesia


(Del libro Cosas que fueron) La actual iglesia del pueblo sé debió construir en él siglo XVI. En los libros de cuentas de la parroquia, correspondientes a esta época, hay, descargos de haber pagado transporte de piedra y madera para la iglesia, así corno el aserramiento y la clavazón de esta última; pero hay un descargo que habla mucho más claro; diciendo que en 1564 se pagó un a cantidad en reales y maravedís por los materiales y mano de obra del último cuarto de la iglesia. La madera, según se puede deducir se trajo del “Hoyo", lo que si es cierto, corno consta por una nota marginal, es que la regaló el Marqués Señor de Escalona. Quien fuese el maestro q le dirigió las obras no he podido saberlo; pero lo que sí he podido averiguar ha sido los nombres el maestro carpintero que hizo las puertas , del entallador y pintor del retablo, El carpintero se llamaba Ocaña y ejecutó las puertas en el año 1569. El tallado del altar mayo r que desapareció en el 1.936, lo efectuó Diego de Velasco, ajustado en 400 ducados, el estofado, dorado y pintura estuvo a cargo de Juan Correa de Vivar, cobrando por ello 450 ducados.En 1610 el Obispo de Troya, aquel que obligó a afeitarse el bigote a Lope de Vega, consagro la campana grande de la torre dándola el nombre de San Esteban

La Virgen del Roble


(Del libro "cosas que fueron")

Solamente he podido encontrar una persona en el pueblo que supiera con algún detalle la aparición de la Virgen del Roble, según ella, la oyó; hace ya mucho tiempo, fu é a sí: «Vaya usted a saber cuantos años hará: dice que este pueblo n o estaba donde hoy esta, si no en lo que actualmente es ”'E l Encinar”, que era un monte muy cerrado y los vecinos un buen día ae echaron la manta hombro (como me lo contaron lo cuento) y salieron en busca de un lugar más libre de malezas y llegaron al sitio que hoy ocupa y les pare cio bueno par a lo que ellos pretendían y t trasladaron sus viviendas y aquí seguimos viviendo por el capricho de aquellos , buenos señores. El pueblo entonces no se llamaba como hoy se llama sino San Esteban de la Encina, que después se cambio por el de Cíen y Cientos debido a que un alcalde del lugar le dijo al Rey que el puesto estaba dispuesto a dar, no cien soldados que pedía, sino cien y cientos. A poco de este traslado, los naturales de Talavera de la Reina prometieron regalar una imagen de la Virgen del Prado , que se venera en esa ciudad, al pueblo que mayor número de mayordomos diese para solemniza r sus fiestas; y habiendo sido el nuestro, le correspondió traerse la imagen prometida y aquí se le dio culto hasta el tiempo o de los moros que hubo una guerra y las gentes del pueblo tuvieron que escapar y abandonarlo todo; pero antes ,de huir ocultaron en el tronco hueco de un roble y lo taparon después con hojas secas dejándolo muy “apañadito”. Cuando aquello pasó volvieron los vecinos; pero ya no se acordaban de donde habían, escondido a su Virgen, hasta que unos pastorcillos, que estando cuidando sus ovejas se pusieron a recoger leña, para hacer leña porque tenían frío y empezaron a hurgar en el tronco de un roble viejo apareciendo la imagen tal como la habían puesto cuando la escondieron. Corriendo los niños a avisar al pueblo del hallazgo y en masa acudieron todos los vecinos. Hasta aquí es la referencia que me hace la persona a que al principio hice alusión; sin embargo, apoyándome en otra tradición recogida y en el cuadro de la Virgen del Roble que en casi t odas las casas de los vecinos del pueblo se encuentra, no la creo probable. Esta otra tradición a la que me refiero, dice que habiéndose traído los naturales de Cenicientos a Ia Virgen a la, Iglesia Parroquial, al día siguiente quedaron sorprendidas viendo que no es taba; acudieron entonces al sitio donde se había aparecido allí la encontraron, hicieron un nuevo intento y torno la Virgen a marcharse, entonces la Virgen les manifestó el deseo de que en aquel lugar se le levantase una ermita en donde se le venerara y así se hizo. EI cuadro dice al pie, copiado literalmente: “V e r d a d e r a imagen de Nuestra Señora del Roble, que se venera en la ermita de su advocación en la Villa de Cenicientos, litografiada a devoción del Muy Sr. D. Luis de Garcini y Castilla, señor de Zarzuela, Caballero profeso del Hábito de Santiago, Brigadier de Infantería de los Ejércitos nacionales y mayordomo de semana de S. M. E I Eminentísimo Sr .Cardenal Arzobispo de Toledo , Primado de las Españas , ha concedido cien días de indulgencia a todos Ios que devotamente rezaren una salve delante de esta sagrada imagen. " Representa est e cuadro a Virgen subida en un roble con la silueta de la ermita a la espalda; esta representación parece estar; completada con las medallas que todavía existen de tiempos atrás , en las que se ven unos pastorcillos con sus ovejas puestos de rodillas con las manos juntas, dirigiendo su mirada atónita a un imagen sobre un árbol que tienen delante. La medalla, el cuadro y la tradición puesta en segundo lugar, acusan un hecho extraordinario, mientras la tradición primera no arguye más que el vulgar encuentro de una cosa perdida. Para excluir del todo la primera tradición habría que ver si la imagen de Nuestra Señora del Prado se representa sobre un árbol o no, caso de no representarse así, no podría admitirse que la del Roble fuese una derivación de la del Prado, supuesto que nuestra Virgen siempre se ha representado de pie o sentada sobre el tronco de un árbol.